martes, 16 de junio de 2015


 


CELEBRACIÓN DEL CURPILLOS

CON NUESTRAS HERMANAS DE LAS HUELGAS


Buenas herman@s todos en Cristo Resucitado:
Queremos compartir con vosotr@s la alegría de que, por primera vez hemos podido celebrar el Curpillos con nuestras hermanas de las Huelgas.

Nos enviaron con tiempo una invitación para que las acompañáramos en esta ocasión y el viernes 12, Hna. Rosa Ana y Hna. Mª. del Mar después de la Eucaristía en la Comunidad, salieron hacia las Huelgas, para la Solemne Celebración del Cupillos que comenzó a las 11.00 h.

También estuvieron presentes hermanas de la Comunidad de Calatravas de Burgos y de Villamayor. Y hermanos de San Pedro de Cardaña y La Oliva (Navarra).
Es una fiesta muy emotiva y tradicional, en la que se mezcla lo religiosos y lo profano, por decirlo de alguna manera.
Para nosotras especialmente ha sido un encuentro fraterno.

Estas fotos recogen distintos momentos durante la procesión.
A la derecha las autoridades con el famoso y simbólico pendón de las Navas.
Y a la izquierda los niños de 1ª Comunión de la parroquia de las Huelgas, San Antonio.









Una de las cosas que más impresiona es el desfile militar que acompaña a la procesión del Santísimo. La Banda Militar interpretando
las marchas que marcan el paso y el himno nacional.

Aquí tenemos a los gigantillos que representan dos castellanos ataviados a la antigua usanza y los gigantones que representan a los Reyes Católicos, Isabel y Fernando, El Cid y su esposa Jimena. Y dos parejas que representan las nuevas razas del descubrimiento de las Américas, una de color y otra de chinos.












¡Ojalá que  este encuentro fraterno
sirva para estrechar los lazos de comunión y colaboración entre nuestras comunidades monásticas cistercienses! Al fin y alcabo es eso es lo importante y lo que va a quedar.

miércoles, 10 de junio de 2015

LA BELLEZA DEL MATRIMONIO

La belleza del matrimonio, signo del amor del Padre para la humanidad, está en peligro a causa de la ideología de género, advirtió hoy el Papa Francisco en su encuentro con los obispos de Puerto Rico, al recordar que la complementariedad entre hombre y mujer no son para la contraposición, sino para la comunión y la generación siempre a “imagen y semejanza” de Dios. En el discurso, el Santo Padre pidió a los obispos consolidar la pastoral familiar y también “tomar distancia de toda ideologización o tendencia política”, y no gastar “energías en divisiones y enfrentamientos, sino en construir y colaborar”.La belleza del matrimonio, signo del amor del Padre para la humanidad, está en peligro a causa de la ideología de género, advirtió hoy el Papa Francisco en su encuentro con los obispos de Puerto Rico, al recordar que la complementariedad entre hombre y mujer no son para la contraposición, sino para la comunión y la generación siempre a “imagen y semejanza” de Dios.
En el discurso, el Santo Padre pidió a los obispos consolidar la pastoral familiar y también “tomar distancia de toda ideologización o tendencia política”, y no gastar “energías en divisiones y enfrentamientos, sino en construir y colaborar”.
A continuación el discurso completo del Papa Francisco:
Me alegro de poder saludarlos con ocasión de la visita ad limina Apostolorum, peregrinación que deseo constituya una experiencia fecunda de comunión para cada uno de ustedes y para la Iglesia que peregrina en Puerto Rico. Agradezco a Monseñor Roberto Octavio González Nieves, Arzobispo de San Juan y Presidente de la Conferencia Episcopal, las palabras que me ha dirigido en nombre de todos.
En ese bello archipiélago caribeño se fundó una de las tres primeras diócesis que se establecieron en el continente americano. Desde entonces, su historia eclesiástica está entretejida por la fidelidad y la tenacidad de tantos pastores, religiosos, misioneros y laicos que, respondiendo a los tiempos y lugares, han sabido comunicar la alegría del anuncio de Cristo Salvador, en cuyo nombre se han creado tantas iniciativas en favor del bien común, en el campo litúrgico, social y educativo, que han marcado profundamente la vida pública y privada del pueblo puertorriqueño.
Ustedes, como pregoneros del Evangelio y custodios de la esperanza de su pueblo, están llamados a continuar escribiendo esa obra de Dios en sus Iglesias locales, animados por un espíritu de comunión eclesial, procurando que la fe crezca y la luz de la verdad brille también en nuestros días.
La confianza mutua y la comunicación sincera entre ustedes permitirá al clero y a los fieles ver la auténtica unidad querida por Cristo. Además, ante la magnitud y la desproporción de los problemas, el Obispo necesita recurrir no sólo a la oración, sino también a la amistad y a la ayuda fraterna de sus hermanos en el episcopado. No gasten energías en divisiones y enfrentamientos, sino en construir y colaborar. Ya saben que, «cuanto más intensa es la comunión, tanto más se favorece la misión».
Sepan tomar distancia de toda ideologización o tendencia política que les puede hacer perder tiempo y el verdadero ardor por el Reino de Dios. La Iglesia, por razón de su misión, no está ligada a sistema político alguno, para poder ser siempre «signo y salvaguardia del carácter trascendente de la persona humana».
El Obispo es modelo para sus sacerdotes y los anima a buscar siempre la renovación espiritual y a redescubrir la alegría de apacentar su grey dentro de la gran familia de la Iglesia. Les pido una actitud acogedora con ellos; que se sientan escuchados y guiados para que puedan crecer en comunión, santidad y sabiduría, y lleven a todos los misterios de la salvación. Ante el próximo Jubileo de la Misericordia, recuerden primero ustedes y luego los sacerdotes el servicio de ser fieles servidores del perdón de Dios, sobre todo en el sacramento de la Reconciliación, que permite experimentar en carne propia el amor de Dios y ofrecer a cada penitente la fuente de la verdadera paz interior.
Para tener buenos pastores, es necesario cuidar la pastoral vocacional, de manera que haya un número adecuado de vocaciones, y especialmente los seminarios, que ofrezcan la debida formación a los candidatos. El seminario es la parcela que más solicitud pide al Obispo Pastor.
Facilitar a los fieles la vida sacramental y ofrecerles una adecuada formación permanente hace posible que también éstos puedan cumplir su propia misión. Los fieles boricuas, y en particular las asociaciones, los movimientos y las instituciones de educación, están llamados a colaborar generosamente para que se anuncie la Buena Nueva en todos los ambientes, incluso en los más hostiles y alejados de la Iglesia. Deseo de corazón que, animados por el ejemplo de insignes laicos como el beato Carlos Manuel Rodríguez Santiago, modelo de entrega y servicio apostólico, o el venerable maestro Rafael Cordero y Molina, sigan avanzando por el camino de una gozosa adhesión al Evangelio, profundizando en la Doctrina Social de la Iglesia y participando lúcida y serenamente en los debates públicos que atañen a la sociedad en la que viven.
Entre las iniciativas que es necesario consolidar cada vez más está la pastoral familiar, ante los graves problemas sociales que la aquejan: la difícil situación económica, la emigración, la violencia doméstica, la desocupación, el narcotráfico, la corrupción.
Son realidades que generan preocupación. Permítanme llamar su atención sobre el valor y la belleza del matrimonio. La complementariedad del hombre y la mujer, vértice de la creación divina, está siendo cuestionada por la llamada ideología de género, en nombre de una sociedad más libre y más justa. Las diferencias entre hombre y mujer no son para la contraposición o subordinación, sino para la comunión y la generación, siempre a «imagen y semejanza» de Dios. Sin la mutua entrega, ninguno de los dos puede siquiera comprenderse en profundidad. El sacramento del matrimonio es signo del amor de Dios por la humanidad y de la entrega de Cristo por su Esposa, la Iglesia. Cuiden este tesoro, uno de los «más importantes de los pueblos latinoamericanos y caribeños».
Finalmente, entre los mayores retos actuales para el trabajo apostólico se encuentra la implementación del Plan Pastoral de Conjunto en las diócesis, mediante programas elaborados para anunciar a Cristo y responder a las inquietudes de la sociedad y del Pueblo de Dios hoy, en los que debe estar siempre presente la dimensión misionera hasta las últimas periferias existenciales.
Les aseguro mi oración, también por los sacerdotes, consagrados y por todos los fieles laicos de esa amada tierra borinqueña. Lleven a todos, por favor, el saludo del Papa. Velen con celo y paciencia por la porción de la viña del Señor que les ha sido encomendada, y vayan adelante todos juntos. Encomiendo la obra de la evangelización en Puerto Rico a la Santísima Virgen María y, pidiéndoles que no se olviden de rezar por mí, les imparto con afecto la Bendición Apostólica.
A continuación el discurso completo del Papa Francisco:
Me alegro de poder saludarlos con ocasión de la visita ad limina Apostolorum, peregrinación que deseo constituya una experiencia fecunda de comunión para cada uno de ustedes y para la Iglesia que peregrina en Puerto Rico. Agradezco a Monseñor Roberto Octavio González Nieves, Arzobispo de San Juan y Presidente de la Conferencia Episcopal, las palabras que me ha dirigido en nombre de todos.
En ese bello archipiélago caribeño se fundó una de las tres primeras diócesis que se establecieron en el continente americano. Desde entonces, su historia eclesiástica está entretejida por la fidelidad y la tenacidad de tantos pastores, religiosos, misioneros y laicos que, respondiendo a los tiempos y lugares, han sabido comunicar la alegría del anuncio de Cristo Salvador, en cuyo nombre se han creado tantas iniciativas en favor del bien común, en el campo litúrgico, social y educativo, que han marcado profundamente la vida pública y privada del pueblo puertorriqueño.
Ustedes, como pregoneros del Evangelio y custodios de la esperanza de su pueblo, están llamados a continuar escribiendo esa obra de Dios en sus Iglesias locales, animados por un espíritu de comunión eclesial, procurando que la fe crezca y la luz de la verdad brille también en nuestros días.
La confianza mutua y la comunicación sincera entre ustedes permitirá al clero y a los fieles ver la auténtica unidad querida por Cristo. Además, ante la magnitud y la desproporción de los problemas, el Obispo necesita recurrir no sólo a la oración, sino también a la amistad y a la ayuda fraterna de sus hermanos en el episcopado. No gasten energías en divisiones y enfrentamientos, sino en construir y colaborar. Ya saben que, «cuanto más intensa es la comunión, tanto más se favorece la misión».
Sepan tomar distancia de toda ideologización o tendencia política que les puede hacer perder tiempo y el verdadero ardor por el Reino de Dios. La Iglesia, por razón de su misión, no está ligada a sistema político alguno, para poder ser siempre «signo y salvaguardia del carácter trascendente de la persona humana».
El Obispo es modelo para sus sacerdotes y los anima a buscar siempre la renovación espiritual y a redescubrir la alegría de apacentar su grey dentro de la gran familia de la Iglesia. Les pido una actitud acogedora con ellos; que se sientan escuchados y guiados para que puedan crecer en comunión, santidad y sabiduría, y lleven a todos los misterios de la salvación. Ante el próximo Jubileo de la Misericordia, recuerden primero ustedes y luego los sacerdotes el servicio de ser fieles servidores del perdón de Dios, sobre todo en el sacramento de la Reconciliación, que permite experimentar en carne propia el amor de Dios y ofrecer a cada penitente la fuente de la verdadera paz interior.
Para tener buenos pastores, es necesario cuidar la pastoral vocacional, de manera que haya un número adecuado de vocaciones, y especialmente los seminarios, que ofrezcan la debida formación a los candidatos. El seminario es la parcela que más solicitud pide al Obispo Pastor.
Facilitar a los fieles la vida sacramental y ofrecerles una adecuada formación permanente hace posible que también éstos puedan cumplir su propia misión. Los fieles boricuas, y en particular las asociaciones, los movimientos y las instituciones de educación, están llamados a colaborar generosamente para que se anuncie la Buena Nueva en todos los ambientes, incluso en los más hostiles y alejados de la Iglesia. Deseo de corazón que, animados por el ejemplo de insignes laicos como el beato Carlos Manuel Rodríguez Santiago, modelo de entrega y servicio apostólico, o el venerable maestro Rafael Cordero y Molina, sigan avanzando por el camino de una gozosa adhesión al Evangelio, profundizando en la Doctrina Social de la Iglesia y participando lúcida y serenamente en los debates públicos que atañen a la sociedad en la que viven.
Entre las iniciativas que es necesario consolidar cada vez más está la pastoral familiar, ante los graves problemas sociales que la aquejan: la difícil situación económica, la emigración, la violencia doméstica, la desocupación, el narcotráfico, la corrupción.
Son realidades que generan preocupación. Permítanme llamar su atención sobre el valor y la belleza del matrimonio. La complementariedad del hombre y la mujer, vértice de la creación divina, está siendo cuestionada por la llamada ideología de género, en nombre de una sociedad más libre y más justa. Las diferencias entre hombre y mujer no son para la contraposición o subordinación, sino para la comunión y la generación, siempre a «imagen y semejanza» de Dios. Sin la mutua entrega, ninguno de los dos puede siquiera comprenderse en profundidad. El sacramento del matrimonio es signo del amor de Dios por la humanidad y de la entrega de Cristo por su Esposa, la Iglesia. Cuiden este tesoro, uno de los «más importantes de los pueblos latinoamericanos y caribeños».
Finalmente, entre los mayores retos actuales para el trabajo apostólico se encuentra la implementación del Plan Pastoral de Conjunto en las diócesis, mediante programas elaborados para anunciar a Cristo y responder a las inquietudes de la sociedad y del Pueblo de Dios hoy, en los que debe estar siempre presente la dimensión misionera hasta las últimas periferias existenciales.
Les aseguro mi oración, también por los sacerdotes, consagrados y por todos los fieles laicos de esa amada tierra borinqueña. Lleven a todos, por favor, el saludo del Papa. Velen con celo y paciencia por la porción de la viña del Señor que les ha sido encomendada, y vayan adelante todos juntos. Encomiendo la obra de la evangelización en Puerto Rico a la Santísima Virgen María y, pidiéndoles que no se olviden de rezar por mí, les imparto con afecto la Bendición Apostólica.

lunes, 8 de junio de 2015


 

Encuentro en el Año de la Vida Consagrada (continuación)
Convento de San Luis, Hnas. Concepcionistas Franciscanas, desde la parroquia de San Julián Obispo

3 de junio 2015

            Buenas herman@s todos en Cristo Resucitado: Continuamos celebrando la Vida Consagrada en nuestra parroquia, el día 1 lunes como os contábamos antes, lo celebramos en nuestro Monasterio Cisterciense de San Bernardo y el miércoles día 3 lo celebramos en el Monasterio de San Luis las Hnas. Concepcionistas Franciscanas (Luisas). De nuestra comunidad fuimos 7 hermanas. Asistieron como el día 1, las Hijas de la Caridad y las Hnas. del Niño Jesús pobre.

            La bella celebración de las Vísperas estuvo también presidida por nuestro párroco y junto con el misionero D. Gabriel y el diácono Eduardo. Nos acompañaron además numerosos laicos, de San Julián, familiares y amigos de las consagradas.

La monición de entrada la hizo M. Concepción, Abadesa de las Hnas. Cocepcionistas, dirigió el canto la Hna. Isabel, la cual hizo también una introducción a cada salmo y el cántico. Las oraciones sálmicas fueron hechas por religiosos de las distintas comunidades.Durante el canto del magníficat una representante de cada una de las comunidad ofreció un cirio a la Virgen.

Terminadas las Vísperas pasamos al jardín del monasterio para el compartir fraterno y una meriendita. Gracias nuestras Hnas. Concepcionistas por brindarnos su afectuosa acogida y su casa.
 

Y también a tod@s los que nos acompañáis personal y espiritualmente, no solo en este días sino todo el año y cada día y cada hora.

¡Gracias y hasta pronto!

 

miércoles, 3 de junio de 2015


La Vida Consagrada desde la parroquia de San Julián Obispo 

 

1 de junio de 2015

 
 por una monja de la comunidad

Cartel que refleja los cuatro carismas presentes en la parroquia
            Hola amigos todos en Cristo Jesús:
Como os anunciábamos hace pocos días, el lunes 1 de junio tuvimos el Encuentro de la Vida Consagrada, desde la parroquia de San Julián Obispo, a la cual pertenecemos oficialmente cuatro comunidades religiosas dos de vida apostólica y dos de vida contemplativa.
 
          Además participan en las actividades de la parroquia varias comunidades que también nos acompañaron en esta bella y emocionante celebración, que por primera vez en la historia reunía a las cuatro comunidades: M.M. Concepcionistas Franciscanas (Luisas), Hijas de la Caridad, Hermanas del Niño Jesús Pobre y M.M. Cistercienses. (Bernardas). También nos acompañaros otras comunidades religiosas que sin pertenecer a San Julián participan también de las actividades de la parroquia: Franciscanas misioneras, Carmelitas de la Caridad, Salesianas del Sagrado Corazón, etc... Y numerosos laicos de San Julián, familiares y amigos de las comunidades.

 
            La celebración de Vísperas fue presidida por nuestro párroco D. Daniel, acompañado de nuestro Capellán D. Miguel, de D. Gabriel hijo de la parroquia misionero en África y por Eduardo  diácono de San Julián.
 
          Cada elemento de la celebración: monición, oraciones sálmicas, preces, etc. fue realizado por religiosas de las distintas comunidades. Al terminar las Vísperas cada superiora o abadesa hizo una presentación  de los distintos carismas. Y se terminó cantando la Salve popular fervientemente.
 

            Terminada la primera parte de la celebración en la Iglesia, pasamos todos al locutorio donde hubo un compartir fraterno con una pequeño merienda.
 
            Agradecemos a la parroquia y a todas las personas que nos habéis acompañado tanto personal como espiritualmente vuestra oración y cercanía fraterna.
            ¡GRACIAS Y HASTA PRONTO, ESTA ES VUESTRA CASA!

A continuación compartimos las palabras que nuestra M. Abadesa, pronunción:
 
PRESENTACIÓN DE LA COMUNIDAD Y CARISMA

Somos una comunidad cisterciense  de este Monasterio compuesta por doce monjas. Comúnmente nos conocen como MM. Bernardas debido a que el Monasterio esta dedicado a  San Bernardo. Fue fundado en el siglo XII, en Renuncio localidad cercana a la ciudad.

Nuestro carisma proviene de la tradición monástica cisterciense-benedictina. San Benito puso el acento en que el monasterio sea una "escuela del Servicio Divino" y los Santos Fundadores Roberto, Alberico y Esteban destacaron como "Escuela de Caridad". Más tarde fue San Bernardo quien diera nuevo impulso a la Orden.

          Seguimos a Cristo, bajo una Regla y una Abadesa en una comunidad estable, mediante la celebración del Oficio Divino el trabajo manual en una vida sencilla, en soledad y silencio, en oración continua y gozosa penitencia, bajo el impulso del Espíritu Santo, en fidelidad a la Iglesia, no anteponiendo nada al Amor  de Cristo  Nuestro carisma equilibra la jornada entre oración lectio divina  liturgia y trabajo manual “Ora et Labora”. El trabajo manual  consiste en la elaboración del pan eucarístico que mas tarde  en la Eucaristía se convertirá en el cuerpo de Cristo para la comunión.


         Una característica nuestra es la hospedería, en la que brindamos una acogida a aquellas personas que deseen venir a compartir la Liturgia, o sencillamente para encontrarse con Dios y consigo mismo en la soledad y la paz del monasterio.
         
         En este año dedicado al Año de la Vida Consagrada  el Papa  Francisco  exhorta  a vivir unos objetivos. Mirar el pasado con agradecimiento.
           El  presente con Pasión y el futuro con esperanza. Y demostrar que Dios  es capaz de colmar nuestros corazones  y hacernos felices, que como dice el eslogan de este año para el día Pro orantibus que celebrábamos ayer, SOLO DIOS BASTA, y lo mismo que repetía San Rafael  monje cisterciense SOLO DIOS BASTA, el solo llena el corazón y da la felicidad.
           Todas las Iglesias de la Congregación  Cisterciense de San Bernardo y todas las monjas estamos consagradas  a la Virgen María  Madre y Figura de la Iglesia y Reina del Cister.