lunes, 25 de enero de 2016

La vocación a la Unidad de la Beata María Gabriela Sagheddu

Sábado 23 de Enero de 2016

¡Gracias a la Hermana Gabriella (Vitorchiano) que ha ofrecido compartir sus pensamientos con nosotros durante esta semana de oración por la unidad de los cristianos !


B. GabriellaB. Gabriella


SEMANA DE ORACIÓN POR LA UNIDAD DE LOS CRISTIANOS  2016
 
LA VOCACIÓN A LA UNIDAD DE LA BEATA MARÍA GABRIELA SAGHEDDU
 
 
La Semana de oración por la Unidad de los cristianos a la que la Iglesia nos invita este año con el tema “Destinados a proclamar las grandezas del Señor” (Cf. 1Pe 2,9) me parece que se puede fácilmente y casi como consecuencia unir a la herencia viva transmitida a nosotros por la Beata María Gabriela, que tanta parte tiene en aquella vocación que ha sido definida como "ecumenismo espiritual."
Me gustaría reflexionar sobre esta realidad partiendo de lo que conocemos de la Beata María Gabriela, y siguiendo el influjo que su ofrecimiento ha tenido sobre la vida de la comunidad de Vitorchiano.
Cuando se debe explicar el origen de la vocación de la Beata María Gabriela a la Unidad evidentemente se hace referencia a la inteligencia que tenía Madre Pía Gullini; a la correspondencia que ésta tuvo con el padre Paul Couturier y al folleto que éste envió a la Trapa de Grottaferrata a partir de 1937; a la Madre Inmaculada Scalvini, la primera monja que pedirá inmolar su vida por esta causa. Tenía 78 años, y así es como Madre Pía describe aquel acto de ofrecimiento: “El bastón en la mano para apoyar a sus pobres piernas gastadas, con una cara tan radiante que parecía rejuvenecida: “¡Qué hermoso lo que acaba de leer! Y justo para mí. Hoy es el aniversario de mi profesión. Me parece haber entendido que es posible ofrecer la vida por esta causa. Vengo a pedirle el permiso de ofrecerle al buen Dios el poco de tiempo que me queda por esta causa. ¡Es tan digno!”[1]
El ofrecimiento de la Madre Inmaculada Scalvini (enero 1937) abrió un camino en el ámbito del ecumenismo espiritual italiano y está entre los primeros en el mundo.[2] El padre Couturier habla de “mártires voluntarios de la unidad cristiana” y hace un primer elenco de los que se ofrecieron con plena salud y cuyo ofrecimiento fue aceptado: Sor María Inmaculada, después Sor María Gabriela y un hermano trapense japonés. Reflexionando sobre estos ofrecimientos de la vida exclamará: “¡Es admirable! ¡El Espíritu Santo está construyendo el Monasterio Invisible de la Unidad Cristiana!”[3]
Sor María Gabriela no olvidó aquella vida ofrecida y aquella muerte de la anciana hermana de hábito, tanto que al año siguiente, con una firmeza y conciencia insólita para una joven profesa, presentó el ofrecimiento de su vida, primero a la madre maestra, luego a la abadesa.
Tomaban carne y fuerza las palabras pronunciadas algunos meses antes, en el momento de su profesión monástica en la fiesta de Cristo Rey el 31 de octubre de 1937: “Oh Jesús, consúmeme como una pequeña hostia de Amor para tu gloria y por la salvación de las almas. Padre eterno, muestra que en este día se casa vuestro Hijo e instituye su reino en todos los corazones, para que todos lo amen y lo sirvan conforme a vuestra divina voluntad.”
En la consagración de Sor María Gabriela ya se perfila la adhesión a la causa de la Unidad. Una dignidad real la une al verdadero Rey, Cristo Señor: con el se consuma el ofrecimiento hasta la Cruz para la resurrección de su propia vida y para la de todo hombre.
Siempre ha existido cierto pudor a destacar la importancia de la vida consagrada en el movimiento ecuménico, aunque en tiempos recientes se ha iniciado a valorar como voto fundamental de la vida consagrada la primacía de Dios en la propia vida y por lo tanto a entender de un nuevo modo la identidad del consagrado. El cardenal Kurt Koch, el 24 de enero de 2015, en el encuentro con los invitados ecuménicos en el Año de la vida consagrada, destaca tal importancia afirmando: “Testimoniar la presencia del Dios vivo en las sociedades cada vez más secularizadas de hoy es el desafío básico del ecumenismo. Al reconocer esta centralidad de Dios, la vida consagrada presta al ecumenismo un servicio excepcional”[4] Una reciente comunicación del padre José M. Hernández Martínez, CMF ha indicado explícitamente el camino recorrido por la Beata María Gabriela como un testimonio de santidad ecuménica que ha señalado de modo original el paso de un camino, dentro de la vida consagrada.[5]
Es útil releer con esta luz las cartas que Sor María Gabriela escribió,[6] buscando cualquier rastro que ilumine esta elección. ¿Cómo esta persona humilde e inexperta en el ecumenismo pudo llegar a la decisión tan radical del ofrecimiento de su vida por la causa de la Unidad? Me ha parecido una pregunta pertinente para comprender algo de más de su persona.
De las cartas emerge una franqueza, una honestidad que huye de una elección hecha por pura formalidad o por ciego seguimiento sin tomar parte en la decisión. Para Sor María Gabriela la decisión de dar su vida por la causa ecuménica fue la lógica consecuencia de la decisión inicial, sufrida y razonada de la pertenencia a la Iglesia y a la vocación monástica.
Alguno ha sugerido que para comprender tal paso es necesario hacer referencia a la experiencia personal que Sor María Gabriela ha tenido de la división.
Ciertamente Sor María Gabriela no conoció profundamente las problemáticas del diálogo ecuménico ni los orígenes históricos, dramáticos de la división entre los cristianos. Del drama de la túnica inconsútil de Cristo que, salvada a los pies de la cruz, se encontró para ser lacerada por conflictos y tirones que causaron no sólo disputas sino violencia y guerra entre los cristianos y escándalo para quien asistió a tanta masacre, Sor María Gabriela tuvo una dolorosa conciencia. Sabemos que en Grottaferrata se habló de las divisiones en la Iglesia y las hermanas llevaron en sus pensamientos y en sus oraciones el dolor de aquella laceración meditando asiduamente la oración sacerdotal de Jesús: "Ut unum sint." Ciertamente no fueron especialistas del diálogo ecuménico y se puede pensar que las razones de un ofrecimiento tan radical cada una las buscase en aquellas experiencias de división que personalmente había encontrado, sufrido.
Podemos deducir, precisamente gracias a los escritos de Sor María Gabriela, que la "división entre los cristianos” fue el eco más grande de lo que había experimentado en su historia personal: la división que hiere a la Iglesia llega hasta el corazón del hombre. Sor María Gabriela la ha experimentado en su mismo corazón, en las rebeliones, en la rabia, en aquella conciencia de "indignidad" que la tuvo alejada de la Iglesia primeramente y temerosa de una adhesión plena a Cristo luego, antes de la profesión religiosa. Nos ayuda pensar como ella vivió las pequeñas y grandes "divisiones" dentro de su pueblo, Dorgali, y los alrededores sardos. El abandono de las prácticas cristianas por parte del hermano y del cuñado que no acceden a los sacramentos y se ocupan más del rebaño que de honrar a Dios y con ellos de cuántos están alejados de la Iglesia. La división es para ella experiencia cotidiana.
Es interesante la atención y la precisión con la que Sor María Gabriela escribe sobre esto a su madre, al párroco Don Basilio y después a la Abadesa, durante el período de su enfermedad. En sus cartas se lee el deseo de comunicar la riqueza encontrada en su pertenencia al Señor y a la comunidad monástica. Esta comunión de pensamiento y de experiencia parece uno de los aspectos en los que cada uno de nosotros puede comprometerse en la gran tarea de la Unidad que es esencialmente el anuncio de las “grandezas del Señor.”
La realización no está en nuestras obras; será cuando y de la manera que el Señor quiera. De los santos de la Unidad y especialmente de la Beata María Gabriela podemos aprender el camino de la comunión con el Padre y con los hermanos hecha de verdad, de compartir, de honor, de atención, de ofrecimiento.


[1]Carta de M. Pía Gullini al padre Paul Couturier,17.12.1937, Archivo Trapa de Dombes, n.11, cart 12
[2] M.CARPINELLO, Monachesimo femminile e profezia,L’azione ecumenica di Madre Pia Gullini,  Cantagalli 2015, p 94
[3]Ibidem, cit M.VILLAIN, L’abbé Paul Couturier, apôtre de lUnitè chrétienne , Casterman, Parigi 1957, p 333
[4] CIVSSVA La vita consacrata nelle tradizioni cristiane. Colloquio ecumenico 22-25 gennaio 2015
[5] J.M. Hernández M. CMF, Comunicazione al XLI Congr Ist di Teologia della Vita Consacrata, Clarettianum, Roma 15-18 dicembre 2015
[6] Cartas desde la Trapa, Beata Mª Gabriela Sagheddu, Monte Carmelo, 2015 
Couturier, apôtre de lUnitè chrétienne , Casterman, Parigi 1957, p 333
[4] CIVSSVA La vita consacrata nelle tradizioni cristiane. Colloquio ecumenico 22-25 gennaio 2015
[5] J.M. Hernández M. CMF, Comunicazione al XLI Congr Ist di Teologia della Vita Consacrata, Clarettianum, Roma 15-18 dicembre 2015
[6] Cartas desde la Trapa, Beata Mª Gabriela Sagheddu, Monte Carmelo, 2015