sábado, 6 de febrero de 2016


Clausura del Año de la Vida Consagrada

1 y 2 de febrero de 2016 


               Acabamos de clausurar el Año de la Vida Consagrada y  para unirnos al Papa y a la Iglesia entera, lanosotras comunidades religiosas de nuestras parroquias de San Julián cuatro, dos de vida contemplativa Concepcionistas Franciscanas, nosotras Cistercienses, las Hnas del Niño Jesús Pobre y las Hijas de la Caridad, y de la parroquia de San Pedro y San Felices las Agustinas Canónigas, nos hemos reunido para celebrar una Eucaristía, es decir, para dar gracias a Dios Padre por este tiempo de dedicado especialmente a profundizar en este don que ha concedido a su Iglesia, por tantos carismas con los que su Espíritu nos ha bendecido y enriquecido, no para nuestro propio bien sino para el servicio de todos, sus hijos y hermanos nuestros en Cristo Jesús. Por tantos hombres y mujeres de Dios, en el más pleno sentido de la palabra o como diría Santa Teresa por estos “amigos fuertes de Dios”.

            Como ya os contamos, en junio tuvimos dos celebraciones, una en nuestro monasterio y otra en convento de las Concepcionistas por este Año de gracia para Iglesia y en especial para y por la vida consagrada. En esta ocasión nos hemos vuelto a reunir para la celebración de la clausura, en la casa de las Hijas de la Caridad de Margarita Naseau, nuestras vecinas.
            Previamente tuvimos una reunión de preparación el miércoles anterior en nuestra casa, para disponer todas las ceremonias de la Eucaristía, las cuales se distribuyeron entre las cinco comunidades para que todas participáramos. Ya este día pudimos experimentar en pequeño lo que el lunes siguiente constatamos a lo grande, la gran riqueza y variedad de carismas  en la Iglesia y la gran animación que supone compartir entre todas nosotras la vocación particular de cada una, los carismas de las distintas órdenes e institutos, mas lo importante es que todas servimos y somos esposas del mismo Señor.
 La Eucaristía fue presidida por nuestro párroco D. Daniel, quien nos alentó y exhortó en especial durante su homilía seguir cada día con más generosidad al Señor, y nos mostró la gran estima y valor que la Iglesia tiene por este don de la vida religiosa en todas sus formas y carismas.

        En estas fotos podéis ver los distintos momentos de la celebración, en concreto la presentación de las ofrendas que fueron cuatro, una lámpara de barro como signo de Cristo el primer consagrado y de cada una de nosotras, las constituciones de los cinco carismas allí presentes, una casulla como símbolo de comunión con la iglesia particular, es decir, nuestra parroquia y el pan y en vino.

Al terminar la celebración, las hermanas nos había preparado una rica merienda en su comedor y podimos disfrutar de unos momentos preciosos de compartir fraterno: "Ved que dulzura qué delicia convivir los herman@s unidos". Todas quedamos encantadas con el deseo de que esta celebración se repita al menos una vez al año. 

El año de la Vida Consagrada ha terminado, pero la vida consagrada continúa y confiamos en que el que la inició la continuará en la Iglesia, como en cada uno de nosotr@s y la lleve a feliz término el día de su manifestación gloriosa.