lunes, 21 de noviembre de 2016

PASCUA DE NUESTRA HERMANA BERNARDA


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PAX 
“Luego oí una voz que me decía desde el cielo:
“Escribe: Dichosos los muertos que mueren en el Señor.Desde ahora, Sí- dice el Espíritu, que descansen de sus fatigas, porque sus obras los acompañan”. (Apocalipsis 14, 13)
 
Nuestra Hermana M. Bernarda González Rodríguez   (Gregoria)   
                                                                                                                                               Fue al encuentro de su Esposo y selló definitivamente su Consagración Bautismal y Profesión Monástica.
   
A las 5.45 a.m. del viernes 18 de Noviembre de 2016, mientras celebrábamos el Oficio de Vigilias, a los 90 años de edad y 61 de vida monástica.
 
Nació el 24 de octubre de 1926 en Fuente el Sauz (Ávila),
 
ingresó en el Monasterio de Fons Salutis, Algemesí (Valencia),  
    30 de Mayo de 1953,
tomó el hábito el 8 de Diciembre 1953,
 
 hizo la profesión temporal el 21 de Junio de 1955 y
   la Solemne el 1 de septiembre de 1958.
            Se trasladó a junto con la M. Vicenta(+) el 14 de Diciembre de 1999.
 
Fue la última Abadesa del Monasterio Fons Salutis, el cual tuvo que ser suprimido por la Congregación, dado el reducido número de hermanas y la escasez de nuevas vocaciones.
Si hubiera que definirla con una palabra característica sería la paz, fue una mujer de mucha paz, difícilmente se alteraba o enfadaba.
Se mostró muy fiel al Oficio Divino, mientras no se lo impidió  su enfermedad, llegaba con mucha puntualidad al coro, dedicando muchos ratos a la oración. Era también una buena costurera, ayudó mientras pudo en la confección de la ropa, hábitos etc. de la comunidad. En los últimos años solía hacer bonitas mariposas de papel, que le gustaba regalar a las hermanas y a las personas que la visitaban, y que todos apreciaban y agradecían mucho, eso le servía de estímulo, para no estar ociosa nunca.
Se sintió muy feliz y agradecida a Dios y a todas las herman@s tanto de la Comunidad, como de la Congregación y la Orden por haber podido ver y gozar el año pasado la beatificación de sus hermanas mártires de Algemesí, M. Micaela y M. Natividad.
La enfermedad la acompañó durante muchos años, pero muy especialmente en estos últimos meses la purificó y preparó para el encuentro definitivo con su Esposo largamente deseado y esperado, como mujer de fe, de oración y de paz, y así murió como había vivido, silenciosa y serenamente hasta que exhaló el último aliento.
Os rogamos la encomendéis en vuestras oraciones, así como nosotras lo hacemos por vuestros difuntos.
El funeral tendrá lugar el sábado día 19 a las 12.00, gracias por vuestro acompañamiento personal y/o espiritual.
 

La M. Abadesa y las Hermanas de la Comunidad Cisterciense de
San Bernardo de Burgos, 18 de Noviembre del 2016


 
 

 
 

martes, 1 de noviembre de 2016

SERMONES DE SAN BERNARDO DE CLARAVAL: LA TRIPLE MUERTE DE LOS SANTOS

LA TRIPLE MUERTE DE LOS SANTOS
1. La muerte de los santos vale mucho a los ojos del Señor, unas veces por su vida, otras por el motivo de su muerte y otras por ambas cosas juntas. La vida de los confesores que mueren en el Señor, hace valiosa su muerte. Y en los mártires, que mueren por el Señor, unas veces sólo les da valor el motivo de su muerte, y otras la causa y la vida juntamente. Sin duda alguna, es maravillosa una muerte avalada por toda una vida; todavía más la provocada por una causa suprema; y por encima de todo, la muerte que corona la vida y la causa de su sacrificio.
2. Vale mucho a los ojos del Señor la muerte de sus santos. Tres cosas hacen santo a un hombre: la sobriedad de la vida, la rectitud de sus acciones y el fervor de espíritu. Una conducta sobria nos pide vivir en continencia, disponibles hacia los demás y obedientes; o en otras palabras, castos, caritativos y humildes. No olvidemos que la castidad es fruto de la continencia, la caridad de la disponibilidad, y la humildad de la obediencia. Y esa virtud hace que el alma se someta plenamente a Dios y viva segura a la sombra de sus alas. 
 Y el espíritu es ferviente si nuestra fe nos da la experiencia de un Dios infinitamente poderoso, sabio y bueno. Y creemos que su poder conforta nuestra debilidad, su sabiduría suple nuestra ignorancia, y su bondad disuelve nuestra maldad.
 He aquí tres cosas que hacen admirable la muerte de los santos: su liberación de toda inquietud, el gozo de la nueva realidad y la certeza de la eternidad.  

RESUMEN
Tres cosas hacen santo a un hombre:
1. La sobriedad de su vida. Exige ser castos, caritativos y humildes.
2. La rectitud de sus acciones: tanto por lo que hacemos en la vida como por el motivo de la muerte.
3. El fervor del espíritu: la experiencia de un Dios infinitamente poderoso, sabio y bueno que nos hace anhelar una nueva realidad y la certeza de la eternidad.