PROGRAMA Y FELICITACIÓN
Buenas querid@ herman@ en Cristo Jesús: En es te Año Santo de la Misericordia os deseamos toda esta comunidad también, buena y feliz Semana Santa y Pascua de Resurrección. Este nuestro programa por su queréis uniros a nosotras y acompañarnos en nuestras celebraciones nos alegraría mucho. Contamos con tus oraciones como tú con las nuestras. Con un abrazo de felicitación pascual.
Gracias por tu atención y por compartir este mensaje con quien lo pueda necesitar.
domingo, 20 de marzo de 2016
sábado, 6 de febrero de 2016
Clausura del Año de la Vida Consagrada
1 y 2 de febrero de 2016
Acabamos de clausurar el Año
de la Vida Consagrada y para unirnos al Papa y a la Iglesia entera, lanosotras
comunidades religiosas de nuestras parroquias de San Julián cuatro, dos de vida
contemplativa Concepcionistas Franciscanas, nosotras Cistercienses, las Hnas
del Niño Jesús Pobre y las Hijas de la Caridad, y de la parroquia de San Pedro
y San Felices las Agustinas Canónigas, nos hemos reunido para celebrar una
Eucaristía, es decir, para dar gracias a Dios Padre por este tiempo de dedicado
especialmente a profundizar en este don que ha concedido a su Iglesia, por
tantos carismas con los que su Espíritu nos ha bendecido y enriquecido, no para
nuestro propio bien sino para el servicio de todos, sus hijos y hermanos
nuestros en Cristo Jesús. Por tantos hombres y mujeres de Dios, en el más pleno
sentido de la palabra o como diría Santa Teresa por estos “amigos fuertes de
Dios”.
Como ya os contamos, en junio tuvimos
dos celebraciones, una en nuestro monasterio y otra en convento de las Concepcionistas por este Año de gracia para Iglesia y en especial para y por
la vida consagrada. En esta ocasión nos hemos vuelto a reunir para la
celebración de la clausura, en la casa de las Hijas de la Caridad de Margarita Naseau, nuestras vecinas.
Previamente tuvimos una reunión de
preparación el miércoles anterior en nuestra casa, para disponer todas las ceremonias de la
Eucaristía, las cuales se distribuyeron entre las cinco comunidades para que
todas participáramos. Ya este día pudimos experimentar en pequeño lo que el
lunes siguiente constatamos a lo grande, la gran riqueza y variedad de
carismas en la Iglesia y la gran animación
que supone compartir entre todas nosotras la vocación particular de cada una,
los carismas de las distintas órdenes e institutos, mas lo importante es que todas servimos y somos esposas del mismo Señor.
La
Eucaristía fue presidida por nuestro párroco D. Daniel, quien nos alentó y
exhortó en especial durante su homilía seguir cada día con más generosidad al
Señor, y nos mostró la gran estima y valor que la Iglesia tiene por este don de
la vida religiosa en todas sus formas y carismas.
En estas fotos podéis ver los distintos momentos de la celebración, en concreto la presentación de las ofrendas que fueron cuatro, una lámpara de barro como signo de Cristo el primer consagrado y de cada una de nosotras, las constituciones de los cinco carismas allí presentes, una casulla como símbolo de comunión con la iglesia particular, es decir, nuestra parroquia y el pan y en vino.

Al terminar la celebración, las hermanas nos había preparado una rica merienda en su comedor y podimos disfrutar de unos momentos preciosos de compartir fraterno: "Ved que dulzura qué delicia convivir los herman@s unidos". Todas quedamos encantadas con el deseo de que esta celebración se repita al menos una vez al año.

El año de la Vida Consagrada ha terminado, pero la vida consagrada continúa y confiamos en que el que la inició la continuará en la Iglesia, como en cada uno de nosotr@s y la lleve a feliz término el día de su manifestación gloriosa.
Previamente tuvimos una reunión de
preparación el miércoles anterior en nuestra casa, para disponer todas las ceremonias de la
Eucaristía, las cuales se distribuyeron entre las cinco comunidades para que
todas participáramos. Ya este día pudimos experimentar en pequeño lo que el
lunes siguiente constatamos a lo grande, la gran riqueza y variedad de
carismas en la Iglesia y la gran animación
que supone compartir entre todas nosotras la vocación particular de cada una,
los carismas de las distintas órdenes e institutos, mas lo importante es que todas servimos y somos esposas del mismo Señor.
En estas fotos podéis ver los distintos momentos de la celebración, en concreto la presentación de las ofrendas que fueron cuatro, una lámpara de barro como signo de Cristo el primer consagrado y de cada una de nosotras, las constituciones de los cinco carismas allí presentes, una casulla como símbolo de comunión con la iglesia particular, es decir, nuestra parroquia y el pan y en vino.
Al terminar la celebración, las hermanas nos había preparado una rica merienda en su comedor y podimos disfrutar de unos momentos preciosos de compartir fraterno: "Ved que dulzura qué delicia convivir los herman
lunes, 25 de enero de 2016
La vocación a la Unidad de la Beata María Gabriela Sagheddu
Sábado 23 de Enero de 2016
¡Gracias a la Hermana Gabriella (Vitorchiano) que ha ofrecido compartir sus pensamientos con nosotros durante esta semana de oración por la unidad de los cristianos !
SEMANA DE ORACIÓN POR LA UNIDAD DE LOS CRISTIANOS 2016
LA VOCACIÓN A LA UNIDAD DE LA BEATA MARÍA GABRIELA SAGHEDDU
La Semana de oración por la Unidad de los cristianos a la que la Iglesia nos invita este año con el tema “Destinados a proclamar las grandezas del Señor” (Cf. 1Pe 2,9) me parece que se puede fácilmente y casi como consecuencia unir a la herencia viva transmitida a nosotros por la Beata María Gabriela, que tanta parte tiene en aquella vocación que ha sido definida como "ecumenismo espiritual."
Me gustaría reflexionar sobre esta realidad partiendo de lo que conocemos de la Beata María Gabriela, y siguiendo el influjo que su ofrecimiento ha tenido sobre la vida de la comunidad de Vitorchiano.
Cuando se debe explicar el origen de la vocación de la Beata María Gabriela a la Unidad evidentemente se hace referencia a la inteligencia que tenía Madre Pía Gullini; a la correspondencia que ésta tuvo con el padre Paul Couturier y al folleto que éste envió a la Trapa de Grottaferrata a partir de 1937; a la Madre Inmaculada Scalvini, la primera monja que pedirá inmolar su vida por esta causa. Tenía 78 años, y así es como Madre Pía describe aquel acto de ofrecimiento: “El bastón en la mano para apoyar a sus pobres piernas gastadas, con una cara tan radiante que parecía rejuvenecida: “¡Qué hermoso lo que acaba de leer! Y justo para mí. Hoy es el aniversario de mi profesión. Me parece haber entendido que es posible ofrecer la vida por esta causa. Vengo a pedirle el permiso de ofrecerle al buen Dios el poco de tiempo que me queda por esta causa. ¡Es tan digno!”[1]
El ofrecimiento de la Madre Inmaculada Scalvini (enero 1937) abrió un camino en el ámbito del ecumenismo espiritual italiano y está entre los primeros en el mundo.[2] El padre Couturier habla de “mártires voluntarios de la unidad cristiana” y hace un primer elenco de los que se ofrecieron con plena salud y cuyo ofrecimiento fue aceptado: Sor María Inmaculada, después Sor María Gabriela y un hermano trapense japonés. Reflexionando sobre estos ofrecimientos de la vida exclamará: “¡Es admirable! ¡El Espíritu Santo está construyendo el Monasterio Invisible de la Unidad Cristiana!”[3]
Sor María Gabriela no olvidó aquella vida ofrecida y aquella muerte de la anciana hermana de hábito, tanto que al año siguiente, con una firmeza y conciencia insólita para una joven profesa, presentó el ofrecimiento de su vida, primero a la madre maestra, luego a la abadesa.
Tomaban carne y fuerza las palabras pronunciadas algunos meses antes, en el momento de su profesión monástica en la fiesta de Cristo Rey el 31 de octubre de 1937: “Oh Jesús, consúmeme como una pequeña hostia de Amor para tu gloria y por la salvación de las almas. Padre eterno, muestra que en este día se casa vuestro Hijo e instituye su reino en todos los corazones, para que todos lo amen y lo sirvan conforme a vuestra divina voluntad.”
En la consagración de Sor María Gabriela ya se perfila la adhesión a la causa de la Unidad. Una dignidad real la une al verdadero Rey, Cristo Señor: con el se consuma el ofrecimiento hasta la Cruz para la resurrección de su propia vida y para la de todo hombre.
Siempre ha existido cierto pudor a destacar la importancia de la vida consagrada en el movimiento ecuménico, aunque en tiempos recientes se ha iniciado a valorar como voto fundamental de la vida consagrada la primacía de Dios en la propia vida y por lo tanto a entender de un nuevo modo la identidad del consagrado. El cardenal Kurt Koch, el 24 de enero de 2015, en el encuentro con los invitados ecuménicos en el Año de la vida consagrada, destaca tal importancia afirmando: “Testimoniar la presencia del Dios vivo en las sociedades cada vez más secularizadas de hoy es el desafío básico del ecumenismo. Al reconocer esta centralidad de Dios, la vida consagrada presta al ecumenismo un servicio excepcional”[4] Una reciente comunicación del padre José M. Hernández Martínez, CMF ha indicado explícitamente el camino recorrido por la Beata María Gabriela como un testimonio de santidad ecuménica que ha señalado de modo original el paso de un camino, dentro de la vida consagrada.[5]
Es útil releer con esta luz las cartas que Sor María Gabriela escribió,[6] buscando cualquier rastro que ilumine esta elección. ¿Cómo esta persona humilde e inexperta en el ecumenismo pudo llegar a la decisión tan radical del ofrecimiento de su vida por la causa de la Unidad? Me ha parecido una pregunta pertinente para comprender algo de más de su persona.
De las cartas emerge una franqueza, una honestidad que huye de una elección hecha por pura formalidad o por ciego seguimiento sin tomar parte en la decisión. Para Sor María Gabriela la decisión de dar su vida por la causa ecuménica fue la lógica consecuencia de la decisión inicial, sufrida y razonada de la pertenencia a la Iglesia y a la vocación monástica.
Alguno ha sugerido que para comprender tal paso es necesario hacer referencia a la experiencia personal que Sor María Gabriela ha tenido de la división.
Ciertamente Sor María Gabriela no conoció profundamente las problemáticas del diálogo ecuménico ni los orígenes históricos, dramáticos de la división entre los cristianos. Del drama de la túnica inconsútil de Cristo que, salvada a los pies de la cruz, se encontró para ser lacerada por conflictos y tirones que causaron no sólo disputas sino violencia y guerra entre los cristianos y escándalo para quien asistió a tanta masacre, Sor María Gabriela tuvo una dolorosa conciencia. Sabemos que en Grottaferrata se habló de las divisiones en la Iglesia y las hermanas llevaron en sus pensamientos y en sus oraciones el dolor de aquella laceración meditando asiduamente la oración sacerdotal de Jesús: "Ut unum sint." Ciertamente no fueron especialistas del diálogo ecuménico y se puede pensar que las razones de un ofrecimiento tan radical cada una las buscase en aquellas experiencias de división que personalmente había encontrado, sufrido.
Podemos deducir, precisamente gracias a los escritos de Sor María Gabriela, que la "división entre los cristianos” fue el eco más grande de lo que había experimentado en su historia personal: la división que hiere a la Iglesia llega hasta el corazón del hombre. Sor María Gabriela la ha experimentado en su mismo corazón, en las rebeliones, en la rabia, en aquella conciencia de "indignidad" que la tuvo alejada de la Iglesia primeramente y temerosa de una adhesión plena a Cristo luego, antes de la profesión religiosa. Nos ayuda pensar como ella vivió las pequeñas y grandes "divisiones" dentro de su pueblo, Dorgali, y los alrededores sardos. El abandono de las prácticas cristianas por parte del hermano y del cuñado que no acceden a los sacramentos y se ocupan más del rebaño que de honrar a Dios y con ellos de cuántos están alejados de la Iglesia. La división es para ella experiencia cotidiana.
Es interesante la atención y la precisión con la que Sor María Gabriela escribe sobre esto a su madre, al párroco Don Basilio y después a la Abadesa, durante el período de su enfermedad. En sus cartas se lee el deseo de comunicar la riqueza encontrada en su pertenencia al Señor y a la comunidad monástica. Esta comunión de pensamiento y de experiencia parece uno de los aspectos en los que cada uno de nosotros puede comprometerse en la gran tarea de la Unidad que es esencialmente el anuncio de las “grandezas del Señor.”
La realización no está en nuestras obras; será cuando y de la manera que el Señor quiera. De los santos de la Unidad y especialmente de la Beata María Gabriela podemos aprender el camino de la comunión con el Padre y con los hermanos hecha de verdad, de compartir, de honor, de atención, de ofrecimiento.
[1]Carta de M. Pía Gullini al padre Paul Couturier,17.12.1937, Archivo Trapa de Dombes, n.11, cart 12
[2] M.CARPINELLO, Monachesimo femminile e profezia,L’azione ecumenica di Madre Pia Gullini, Cantagalli 2015, p 94
[3]Ibidem, cit M.VILLAIN, L’abbé Paul Couturier, apôtre de lUnitè chrétienne , Casterman, Parigi 1957, p 333
[4] CIVSSVA La vita consacrata nelle tradizioni cristiane. Colloquio ecumenico 22-25 gennaio 2015
[5] J.M. Hernández M. CMF, Comunicazione al XLI Congr Ist di Teologia della Vita Consacrata, Clarettianum, Roma 15-18 dicembre 2015
[6] Cartas desde la Trapa, Beata Mª Gabriela Sagheddu, Monte Carmelo, 2015
Couturier, apôtre de lUnitè chrétienne , Casterman, Parigi 1957, p 333
[4] CIVSSVA La vita consacrata nelle tradizioni cristiane. Colloquio ecumenico 22-25 gennaio 2015
[5] J.M. Hernández M. CMF, Comunicazione al XLI Congr Ist di Teologia della Vita Consacrata, Clarettianum, Roma 15-18 dicembre 2015
martes, 27 de octubre de 2015
UNA SORPRESA DESEADA
VISITA DE NUESTRO P.
GENERAL D. EAMON Y SU SECRETARIO P. SIMEÓN
Monasterio Cisterciense de San Bernardo,
Burgos, 19-21 de septiembre, 2015
Suena el timbre de la portería del
monasterio, la mañana soleada, como buena mensajera parece anunciarlo. Ya las
hermanas están impacientes y a punto, por fin llegó la tan deseada visita sobre
las 11.30 de la mañana, el claustro se llena de alegres y afectuosos saludos fraternos a D. Eamon nuestro Abad
General y al P. Simeón, su secretario
Seguidamente en la sala de conferencias,
abiertas a la escucha y acogida del que consideramos un mensajero de Dios, escuchamos
las palabras de nuestro P. General, que nos informa de la situación de la Orden
en las distintas regiones, hasta la hora de sexta. Después de
nona, continuamos
en la sala de conferencias, escuchando y preguntando algunas cuestiones al P.
General. Es de agradecer al P. Simeón que hizo servicial y discretamente de
traductor cuando fue necesario.
D. Eamon con su saber estar, su
transparencia, su sencillez y cercanía tan evangélicas como monásticas, nos ha “tocado”
el corazón y lo han hecho vibrar en la convivencia fraterna y en la vivencia de
la espiritualidad y carisma monástico cisterciense, durante su breve estancia
con nosotras, que nos ha sabido a poco, y nos ha dejado con ganas de “Más”.
El Domingo tras el Oficio de Laudes y la
oración personal, siguiendo el horario habitual tuvimos Capítulo. Mas lo que no
era habitual, fue que tuvimos la dicha de ser presidido y comentado por D.
Eamon, que improvisó una bellísima y práctica glosa sobre el 1º grado de la
humildad del cap. VII: el temor de Dios.
Y por último después de nona en el compartir
fraterno, la despedida. D. Eamon, con su
palabra precisa y oportuna, su mirada profunda y sonriente, y dando un
abrazo fraternal a cada hermana nos dejó
con paz, alegría y nostalgia.
Ojalá que la semilla que va sembrando
generosa y desinteresadamente en todas nuestras comunidades produzca frutos en
nosotr@s y en las generaciones venideras.
Damos gracias a Dios por este regalo de
D. Eamon para nuestra comunidad, para la Orden y para toda la Iglesia
universal.
miércoles, 7 de octubre de 2015
Eucaristía y Beatificación de 18 mártires cistercienses en la Catedral d...
Unidos en el gozo de nuestra madre la Iglesia por la comunión de los Santos.
Damos gracias a Dios Padre en nombre de su Hijo Jesús y en comunión con María Rostro materno de Dios. Contamos con vuestra oración para que sieguiendo en el ejemplo de nuestras hn@s mártires seamos fieles a Cristo hasta el final a pesar de nuestra limitaciones. Y que el Señor bendiga nuestras comunidades con nuevas vocaciones para su gloria y el bien de la Iglesia universal.
viernes, 2 de octubre de 2015
Beatificación de los Mártires de Viaceli y Fons Salutis
SIC 30 septiembre, 2015 Beatificación de los Mártires de Viaceli y Fons Salutis2015-09-30T11:46:56+00:00 Diócesis, Envío
Este hecho supone un gran acontecimiento no sólo para la Orden cisterciense, sino para la Iglesia entera y más en particular a la diócesis de Santander.
Los mártires que van a ser beatificados pertenecen a la persecución que se produjo en los años treinta del siglo XX. Se trata de dos procesos distintos, desarrollados en Santander y en Valencia respectivamente, que atañen a diez y ocho Siervos de Dios pertenecientes a la Orden Cisterciense de la Estricta Observancia.
El P. Pío Heredia, adalid de este grupo de mártires, nació en Larrea (Álava) el 16 de febrero de 1875, ingresó en el monasterio de Val San José, en Getafe, cerca de Madrid, durante su adolescencia y emitió la profesión solemne en 1897 y fue ordenado sacerdote el 18 de marzo de 1899. En el seno de la comunidad desempeñó varios cargos y fue maestro de novicios y prior claustral. Después se trasladó al monasterio de Santa María de Viaceli, y allí con sus hermanos monjes, completamente ajenos a las cuestiones políticas, fue víctima de la persecución. También se vio implicado en el contexto martirial dos monjas cistercienses M. Micaela y M. Natividad del monasterio de Font Salutis, de Algemesí, cerca de Valencia.
lunes, 17 de agosto de 2015
DOS MONJES EN SUELO EUROPEO- Hna. Rosa Ana Izquierdo Moreno
En el suelo de Europa han
existido dos gigantes del mundo histórico, eclesial y más concretamente
místico: una española, Sta. Teresa de Ahumada; y un francés, San Bernardo de
Claraval. Ambos, aún siendo de épocas diferentes - ella del siglo XVI y él del siglo XII-, han
trazado un camino espi
ritual válido para el siglo XXI.
En este mes de agosto
celebramos la solemnidad de San Bernardo de Claraval. Este año con un motivo
añadido, el V centenario de Santa Teresa de Jesús. A pesar de la distancia que separa
en el tiempo, es evidente la gran semejanza entre estos dos monjes. Ella carmelita
de Ávila, y él monje del Císter en Borgoña.
Ambos
lucharon por encarnar un mensaje renovador de sus comunidades, renovador de la
Iglesia y, a la larga, transformador de la sociedad. Santa Teresa, desde su
humanidad y sentido común, reformando el Carmelo y extendiendo su
espiritualidad por toda España en las nuevas fundaciones. San Bernardo, recién
ingresado en la Orden de Cîteaux, se rebela contra las
costumbres de su propia Orden, alejadas del espíritu de pobreza evangélica.
Su dinamismo es tan excepcional y el influjo social de su orden en Francia es
tal que las comunidades cistercienses se desarrollaron dentro de la sociedad de
su tiempo y se mantuvieron por medio del cultivo de la tierra, trabajo que los
nobles y aristócratas no soportaban. Ambos reformadores han dejado testimonio
en sus tratados de espiritualidad, en sus cartas y en sus viajes, de cómo
afrontar grandes retos desde el evangelio y en la vida. La austeridad y pureza
de sus hábitos es un buen espejo para esta Europa plural y poderosa, pero
tantas veces sin ideas y resistente a la acogida; igualmente para una Iglesia
que mira demasiado a un líder, pero no termina de conectar con una sociedad de
prisas y de iniciativas, pero falta de reflexión y de espiritualidad.
Para
ninguno de los dos fue fácil abrir brechas de humanidad y de diálogo. Ambos se
encontraron en “tiempos recios”. Esto no les achicó. Todo lo contrario: les
impulsó para seguir transmitiendo con sus fundaciones, con sus cartas a
autoridades civiles y eclesiásticas un mensaje lleno de sabiduría para crecer
en humanidad y discreción.
La
humanidad renovadora bernardiana se plantea seriamente un interrogante
agustiniano: ¿qué es el hombre? Y
para ello escruta en sí mismo con la mayor sinceridad de que es capaz. Para él,
la doctrina del hombre está fundada y garantizada en la realidad estructural de
la libertad. En él no hay lugar para la esclavitud en ninguna de sus
manifestaciones por eso luchará en sus cartas por los pobres.
¿Sigue
vivo hoy el espíritu de estos dos gigantes europeos? El mensaje teresiano y
bernardiano se concreta en no tener miedo a abrir puertas y ventanas para salir
al encuentro del hombre. Para San Bernardo, se traduce en esa sabiduría que es
el arte de vivir y no de hacer cosas. Es decir, se puede vivir sin hacer muchas
cosas y se puede hacer muchas cosas sin vivir. El hombre actual, se mueve
mucho, hace muchas cosas, pero es un esclavo del sistema.
Otro
aspecto actual de San Bernardo es la libertad, pero no libertad de expresión,
si no de pensamiento. En su época y en la nuestra el poder se asegura de que no
tengamos libertad de pensamiento lo consiguen la publicidad, la educación que
el sistema quiere inculcar. Sin embargo, el ‘Doctor Melifluo’ nos llama a
educarnos en pensar en los fines de la vida, que no es en adquirir poder, si no
en satisfacción personal, en ser más lo que uno es.
Así,
con los ecos del centenario teresiano, la comunidad Cisterciense de San
Bernardo les invita a celebrar este año la solemnidad del ‘Doctor Melifluo’ con
una mirada humana. Dicha celebración comenzará con un triduo los días 18, 19
para concluir con la celebración solemne del día 20. Hora de inicio: 19.00h. ¡Os
esperamos!
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