sábado, 18 de marzo de 2017

PASCUA MONASTICA 2017

PASCUA DE RESURRECCION EN EL MONASTERIO

Querid@s herman@s todos en Cristo nuestro Señor y Salvador: 
Os deseamos un feliz camino cuaresmal hacia la Pascua. Y os invitamos a compartir con nosotras la celebración de Semana Santa y Pascua de Resurrección, ya sea desde nuestra hospedería o asistiendo a los actos litúrgicos en nuestra Iglesia, siempre que lo deseas. 
Aqui teneis  el horario completo de todos los oficios y nuestros datos de contacto, si tienes alguna dificultad nos lo dices, gracias y hasta ptronto.
Con una abrazo fraterno de paz y nuestra cordial oracion vtras. Hnas. Cistercienses de San Bernardo de Burgos
 


 

 

domingo, 5 de marzo de 2017

Mensaje para la Cuaresma 2017

 

El Papa Francisco nos invita en el mensaje para la Cuaresma 2017 a una conversión profunda, a volver a Dios “de todo corazón” (JI 2, 12). Esta conversión no nos hace contentarnos con una vida mediocre, sino que acrecienta nuestra amistad con el Señor.
Francisco nos exhorta a “intensificar nuestra vida de espíritu” por medio del ayuno, la limosna y la oración a través de la meditación frecuente de la palabra de Dios. La parábola del hombre rico y el pobre Lázaro “nos da la clave para entender cómo hemos de comportarnos para alcanzar la verdadera felicidad y la vida eterna, exhortándonos a una sincera conversión”. Remarca tres puntos esenciales que surgen de la meditación de la parábola.

1. El otro es un don

La parábola nos presenta los dos personajes. Sin embargo, la descripción del pobre es mucho más detallada. “El pobre se llama Lázaro: un nombre repleto de promesas, que significa ‘Dios ayuda'”. Se nos muestra como alguien que nos es conocido. “Tiene un rostro; y como tal es un don, de valor incalculable, un ser amado por Dios, aunque su condición concreta sea la de un desecho humano”. Mientras que para el rico es alguien totalmente invisible.
Lázaro nos enseña que el otro es un don. El pobre en la puerta del rico no es una molestia, sino una llamada a convertirse y cambiar. “La Cuaresma es un tiempo propicio para abrir la puerta a cualquier necesitado y reconocer en él el rostro de Cristo”. Pero para hacer esto hay que tomar en serio lo que nos revela la parábola sobre el hombre rico.

2. El pecado nos ciega

El rico, al contrario que el pobre Lázaro, no tiene nombre, se califica sólo como “rico”. En él se entrevé la corrupción del pecado.
Aquí el Papa Francisco recurre al esquema ignaciano. Este revela esencialmente como Lucifer exhorta a los espíritus malignos a echar redes y cadenas; de manera que primero deberán tentar de “codicia de riquezas”. El apóstol Pablo dice que la codicia es la raíz de todos los males, esta es una lógica egoísta que lleva fácilmente al “vano honor del mundo”. Su personalidad fundada en la apariencia esconde un vacío interior prisionera de la exterioridad. El peldaño más bajo es la crecida soberbia, que lleva a la ceguera de las personas que están a su alrededor. “El rico no ve al pobre hambriento, llagado y postrado en su humillación”.

3. La Palabra es un don

“La liturgia del Miércoles de Ceniza nos invita a vivir una experiencia semejante a la que el rico ha vivido de manera muy dramática”. Esto mediante las siguientes palabras de la Escritura: “Acuérdate de que eres polvo y al polvo volverás”.
La parábola se dirige al más allá, cuando el rico mantiene un diálogo con Abraham, demostrando que pertenece al pueblo de Dios. Ese aspecto hace su vida todavía más contradictoria, pues en ella no había lugar para Dios.
La parábola se prolonga, y de esta manera se convierte en mensaje para todos los cristianos, después de su muerte descubrimos “el verdadero problema del rico: la raíz de sus males está en no prestar oído a la Palabra de Dios; esto es lo que le llevó a no amar ya a Dios y por lo tanto a despreciar al prójimo. La palabra de Dios es una fuerza viva, capaz de suscitar la conversión del corazón y orientarlo a Dios”.
Finalmente, el Papa recuerda que “la Cuaresma es el tiempo propicio para renovarse en el encuentro con Cristo vivo en su Palabra, en los sacramentos y en el prójimo”. Solo así daremos pleno testimonio de la alegría de la Pascua.

(Comunicar la fe. Arguments 2017 )

domingo, 29 de enero de 2017

LOS TRES MONJES REBELDES:

SAN ROBERTO SAN ALBERICO Y SAN ESTEBAN, ABADES DE CISTER

El 26 de Enero celebrábamos la Solemnidad de NN. SS. Padres Fundadores, como todos los grandes santos tienen octava no queríamos dejar pasar esta fecha tan especial para nosotras compartiendo con vosotros este bello icono realizado por un monje francés, y esta sustanciosa homilía, que los disfrutéis contamos con vuestra oración y vosotros con la nuestra. Gracias.

Homilía predicada por el P. José Alegre, abad de Poblet
Eclo 44,1.10-15; Sal 149,1-6.9; Hebr 11,1-2.8-16; Mc 10,24-30

Hoy hacemos el elogio de estos hombres piadosos, nuestros Santos Fundadores Roberto, Alberico y Esteban, que han merecido que la Iglesia los considere como referencia preciosa por su fidelidad a la Palabra. Una referencia y modelo en la línea de lo que hemos escuchado del Eclesiástico: «Hombres de bien, una rica herencia, fidelidad a la alianza, su recuerdo y su gloria que ya no se borran, sepultados en paz, perviven por generaciones, su sabiduría de la que hablaran los pueblos».

Hombre piadoso se considera aquella persona que externamente aparece como muy amiga de devociones, de rezos, señalada como un «pobre hombre» o una «pobre mujer», algo ingenuo.

No es esta la consideración de la Sagrada Escritura, sino que contempla la persona piadosa, como una persona ilustre que ha vivido la sabiduría de la Escritura con los rasgos que describe el Eclesiástico.

Hombres ilustres, que nos han dejado una rica herencia, no una herencia material. La herencia de unos dones recibidos de Dios, gratuitamente, con suma generosidad. Y ellos correspondieron. Y esta es la obra de Dios que nosotros hemos recibido. Esta herencia celebramos hoy en nuestros santos abades de Cister.

Hombres ilustres que nos han legado una herencia espiritual, la herencia de una fe preciosa que nosotros estamos llamados también a vivir, una herencia que tiene una primera referencia en Abraham , y que, precisamente, en esta fiesta, la Iglesia nos invita a imitar y a vivir como lo hicieron los santos Roberto, Alberico y Esteban.

Vivir la fe. La fe que nace en el corazón del hombre, que abre a la belleza y profundidad de la vida. La fe dilata el corazón. O no hay fe. La fe da una dimensión contemplativa a tu vida. El contemplativo percibe que la vida es un proceso, en donde todo habla de Dios. Es importante vivir la vida como un proceso, con el convencimiento de que hay para mí, algo de Dios aquí, ahora, en este preciso momento. No es que Dios sea una caja de sorpresas, es que la vida es un caminar hacia Dios que hace el camino con nosotros, por muy largo y peligroso que sea.

Vemos este dinamismo de la fe en la historia de Abraham: «Por la fe, Abraham al ser llamado por Dios obedeció… La fe es la garantía de lo que se espera, la prueba de lo que no se ve…» Es un don. Abraham sale y vive la vida como un proceso, como un camino, correspondiendo a la llamada de Dios. El don de la fe supone un «copago»: es un don divino, pero es necesaria la respuesta humana, trabajar con la ayuda divina nuestro futuro, en una colaboración preciosa con el Creador.

Pero el camino hacia la plenitud de la vida, hacia la plenitud del Reino, tiene ciertas condiciones: no hacemos solos el camino; en este caminar necesitamos cuidar y manifestar determinados sentimientos y actitudes muy concretas. Es la enseñanza del evangelio de hoy: No llega al final el hombre rico. ¿Quién es el hombre rico?

Quien se dedica a «acumular» riquezas, prestigio, méritos… todo aquello que puede encumbrar a la persona, proporcionarle la gloria, el brillo o resplandor de este mundo. El rico centra la mirada en sí mismo. En su «yo». Se esfuerza por «acumular», «barrer» para su casa. Esta actitud entorpece el camino a los demás. Atenta contra la vida y seguridad de los otros caminantes. El hombre rico busca que todo gire en torno a él. Pero Jesús propone cambiar el verbo «acumular» por el verbo «compartir», compartir la vida del camino, la riqueza, todo tipo de riquezas con quienes le acompañan en el camino. Es la dimensión del servicio, que el mismo Jesús, que no tiene donde reclinar la cabeza en su camino, nos enseña

Pedro pregunta con preocupación: «¿Quién puede salvarse?» Pedro debía ser consciente que no estaba clara esa dimensión del servicio, sin la cual nadie puede salvarse.

Necesitamos poner la mirada en Cristo; todo lo demás es superfluo; lo importante y decisivo es considerar la fragilidad total de todo lo humano excepto la mirada en Cristo. Este, luego, nos hace volver la mirada y el corazón hacia los compañeros del camino. Cristo es nuestro CAMINO. Lo fue para Abraham. Lo fue para nuestros santos abades.

viernes, 30 de diciembre de 2016

Visita del coro de la Parroquia de San Lesmes

Queremos agradeceros  y compartir con todos vosotros herman@as tod@s en Dios Encarnado:
 El pasado jueves día 29 hemos recibido  la Visita de nuestros herman@s del Coro de la Parroquia de San Lesmes, a la cual pertenecía nuestro antiguo monasterio de las Calzadas, como cada año desde que la Comunidad se traladó a éste nuevo monasterio, hace 43 años cada Navidad han venido a felicitarnos y a compartir con nosotras el gozo de la Navidad con sus melodiosas voces.
Que el Señor os lo pague y que el nuevo Año 2017 venga cargado de bendiciones para todos vosotr@ para vuestras familias y para todos los hijos e hijas de Dios y hermanos nuestros en Cristo Jesús.




viernes, 23 de diciembre de 2016

Felicitación de Navidad

            Os deseamos una feliz y santa viviencia de la Navidad, nosotras que tenemos tan reciente las dos Pascuas de nuestras hermanas Bernarda y Trinidad, estamos como más receptivas a este nuevo paso del Señor, y además acabamos de hacer los Ejercicios Espirituales, así que como para no vivir en profundidad e intensamente tanto deroche de gracias¿no os parece? Un abrazo de paz en Cristo encarnado, vtras. hnas. cistercienses

lunes, 21 de noviembre de 2016

PASCUA DE NUESTRA HERMANA BERNARDA


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PAX 
“Luego oí una voz que me decía desde el cielo:
“Escribe: Dichosos los muertos que mueren en el Señor.Desde ahora, Sí- dice el Espíritu, que descansen de sus fatigas, porque sus obras los acompañan”. (Apocalipsis 14, 13)
 
Nuestra Hermana M. Bernarda González Rodríguez   (Gregoria)   
                                                                                                                                               Fue al encuentro de su Esposo y selló definitivamente su Consagración Bautismal y Profesión Monástica.
   
A las 5.45 a.m. del viernes 18 de Noviembre de 2016, mientras celebrábamos el Oficio de Vigilias, a los 90 años de edad y 61 de vida monástica.
 
Nació el 24 de octubre de 1926 en Fuente el Sauz (Ávila),
 
ingresó en el Monasterio de Fons Salutis, Algemesí (Valencia),  
    30 de Mayo de 1953,
tomó el hábito el 8 de Diciembre 1953,
 
 hizo la profesión temporal el 21 de Junio de 1955 y
   la Solemne el 1 de septiembre de 1958.
            Se trasladó a junto con la M. Vicenta(+) el 14 de Diciembre de 1999.
 
Fue la última Abadesa del Monasterio Fons Salutis, el cual tuvo que ser suprimido por la Congregación, dado el reducido número de hermanas y la escasez de nuevas vocaciones.
Si hubiera que definirla con una palabra característica sería la paz, fue una mujer de mucha paz, difícilmente se alteraba o enfadaba.
Se mostró muy fiel al Oficio Divino, mientras no se lo impidió  su enfermedad, llegaba con mucha puntualidad al coro, dedicando muchos ratos a la oración. Era también una buena costurera, ayudó mientras pudo en la confección de la ropa, hábitos etc. de la comunidad. En los últimos años solía hacer bonitas mariposas de papel, que le gustaba regalar a las hermanas y a las personas que la visitaban, y que todos apreciaban y agradecían mucho, eso le servía de estímulo, para no estar ociosa nunca.
Se sintió muy feliz y agradecida a Dios y a todas las herman@s tanto de la Comunidad, como de la Congregación y la Orden por haber podido ver y gozar el año pasado la beatificación de sus hermanas mártires de Algemesí, M. Micaela y M. Natividad.
La enfermedad la acompañó durante muchos años, pero muy especialmente en estos últimos meses la purificó y preparó para el encuentro definitivo con su Esposo largamente deseado y esperado, como mujer de fe, de oración y de paz, y así murió como había vivido, silenciosa y serenamente hasta que exhaló el último aliento.
Os rogamos la encomendéis en vuestras oraciones, así como nosotras lo hacemos por vuestros difuntos.
El funeral tendrá lugar el sábado día 19 a las 12.00, gracias por vuestro acompañamiento personal y/o espiritual.
 

La M. Abadesa y las Hermanas de la Comunidad Cisterciense de
San Bernardo de Burgos, 18 de Noviembre del 2016


 
 

 
 

martes, 1 de noviembre de 2016

SERMONES DE SAN BERNARDO DE CLARAVAL: LA TRIPLE MUERTE DE LOS SANTOS

LA TRIPLE MUERTE DE LOS SANTOS
1. La muerte de los santos vale mucho a los ojos del Señor, unas veces por su vida, otras por el motivo de su muerte y otras por ambas cosas juntas. La vida de los confesores que mueren en el Señor, hace valiosa su muerte. Y en los mártires, que mueren por el Señor, unas veces sólo les da valor el motivo de su muerte, y otras la causa y la vida juntamente. Sin duda alguna, es maravillosa una muerte avalada por toda una vida; todavía más la provocada por una causa suprema; y por encima de todo, la muerte que corona la vida y la causa de su sacrificio.
2. Vale mucho a los ojos del Señor la muerte de sus santos. Tres cosas hacen santo a un hombre: la sobriedad de la vida, la rectitud de sus acciones y el fervor de espíritu. Una conducta sobria nos pide vivir en continencia, disponibles hacia los demás y obedientes; o en otras palabras, castos, caritativos y humildes. No olvidemos que la castidad es fruto de la continencia, la caridad de la disponibilidad, y la humildad de la obediencia. Y esa virtud hace que el alma se someta plenamente a Dios y viva segura a la sombra de sus alas. 
 Y el espíritu es ferviente si nuestra fe nos da la experiencia de un Dios infinitamente poderoso, sabio y bueno. Y creemos que su poder conforta nuestra debilidad, su sabiduría suple nuestra ignorancia, y su bondad disuelve nuestra maldad.
 He aquí tres cosas que hacen admirable la muerte de los santos: su liberación de toda inquietud, el gozo de la nueva realidad y la certeza de la eternidad.  

RESUMEN
Tres cosas hacen santo a un hombre:
1. La sobriedad de su vida. Exige ser castos, caritativos y humildes.
2. La rectitud de sus acciones: tanto por lo que hacemos en la vida como por el motivo de la muerte.
3. El fervor del espíritu: la experiencia de un Dios infinitamente poderoso, sabio y bueno que nos hace anhelar una nueva realidad y la certeza de la eternidad. 

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