viernes, 30 de diciembre de 2016
Visita del coro de la Parroquia de San Lesmes
Queremos agradeceros y compartir con todos vosotros herman@as tod@s en Dios Encarnado:
El pasado jueves día 29 hemos recibido la Visita de nuestros herman@s del Coro de la Parroquia de San Lesmes, a la cual pertenecía nuestro antiguo monasterio de las Calzadas, como cada año desde que la Comunidad se traladó a éste nuevo monasterio, hace 43 años cada Navidad han venido a felicitarnos y a compartir con nosotras el gozo de la Navidad con sus melodiosas voces.
Que el Señor os lo pague y que el nuevo Año 2017 venga cargado de bendiciones para todos vosotr@ para vuestras familias y para todos los hijos e hijas de Dios y hermanos nuestros en Cristo Jesús.
viernes, 23 de diciembre de 2016
Felicitación de Navidad
Os deseamos una feliz y santa viviencia de la Navidad, nosotras que tenemos tan reciente las dos Pascuas de nuestras hermanas Bernarda y Trinidad, estamos como más receptivas a este nuevo paso del Señor, y además acabamos de hacer los Ejercicios Espirituales, así que como para no vivir en profundidad e intensamente tanto deroche de gracias¿no os parece? Un abrazo de paz en Cristo encarnado, vtras. hnas. cistercienses
lunes, 21 de noviembre de 2016
PASCUA DE NUESTRA HERMANA BERNARDA
+
PAX
“Luego
oí una voz que me decía desde el cielo:
“Escribe:
Dichosos los muertos que mueren en el Señor.Desde ahora, Sí- dice el Espíritu, que
descansen de sus fatigas, porque
sus obras los acompañan”. (Apocalipsis 14, 13)
Nuestra Hermana M. Bernarda González Rodríguez (Gregoria)
Fue al encuentro de su Esposo y selló definitivamente su Consagración Bautismal y Profesión
Monástica.
A las 5.45 a.m. del viernes 18 de Noviembre de 2016, mientras
celebrábamos el Oficio de Vigilias, a los 90 años de edad y 61 de vida
monástica.
Nació el 24 de octubre de 1926 en Fuente el Sauz (Ávila),
ingresó en el Monasterio de Fons Salutis, Algemesí (Valencia),
30 de Mayo de 1953,
tomó el hábito el 8 de Diciembre 1953,
hizo la profesión temporal el 21
de Junio de 1955 y
la Solemne el 1 de septiembre de 1958.
Se trasladó a junto con la M. Vicenta(+) el 14 de Diciembre de 1999.
Fue la última Abadesa del Monasterio Fons
Salutis, el cual tuvo que ser suprimido por la Congregación, dado el reducido
número de hermanas y la escasez de nuevas vocaciones.
Si hubiera que definirla con una palabra
característica sería la paz, fue una mujer de mucha paz, difícilmente se
alteraba o enfadaba.
Se mostró muy fiel al Oficio Divino, mientras
no se lo impidió su enfermedad, llegaba
con mucha puntualidad al coro, dedicando muchos ratos a la oración. Era también
una buena costurera, ayudó mientras pudo en la confección de la ropa, hábitos
etc. de la comunidad. En los últimos años solía hacer bonitas mariposas de
papel, que le gustaba regalar a las hermanas y a las personas que la visitaban,
y que todos apreciaban y agradecían mucho, eso le servía de estímulo, para no
estar ociosa nunca.
Se sintió muy feliz y agradecida a Dios y a
todas las herman@s tanto de la Comunidad, como de la Congregación y la Orden
por haber podido ver y gozar el año pasado la beatificación de sus hermanas mártires
de Algemesí, M. Micaela y M. Natividad.
La enfermedad la acompañó durante muchos años,
pero muy especialmente en estos últimos meses la purificó y preparó para el
encuentro definitivo con su Esposo largamente deseado y esperado, como mujer de
fe, de oración y de paz, y así murió como había vivido, silenciosa y serenamente
hasta que exhaló el último aliento.
Os rogamos la encomendéis en vuestras
oraciones, así como nosotras lo hacemos por vuestros difuntos.
El funeral tendrá lugar el sábado día 19 a
las 12.00, gracias por vuestro acompañamiento personal y/o espiritual.
La M. Abadesa y las Hermanas de la Comunidad
Cisterciense de
San Bernardo de Burgos, 18 de Noviembre del
2016
martes, 1 de noviembre de 2016
SERMONES DE SAN BERNARDO DE CLARAVAL: LA TRIPLE MUERTE DE LOS SANTOS
LA TRIPLE MUERTE DE LOS SANTOS
1. La muerte de los santos vale mucho a los ojos del Señor, unas veces por su vida, otras por el motivo de su muerte y otras por ambas cosas juntas. La vida de los confesores que mueren en el Señor, hace valiosa su muerte. Y en los mártires, que mueren por el Señor, unas veces sólo les da valor el motivo de su muerte, y otras la causa y la vida juntamente. Sin duda alguna, es maravillosa una muerte avalada por toda una vida; todavía más la provocada por una causa suprema; y por encima de todo, la muerte que corona la vida y la causa de su sacrificio.
2. Vale mucho a los ojos del Señor la muerte de sus santos. Tres cosas hacen santo a un hombre: la sobriedad de la vida, la rectitud de sus acciones y el fervor de espíritu. Una conducta sobria nos pide vivir en continencia, disponibles hacia los demás y obedientes; o en otras palabras, castos, caritativos y humildes. No olvidemos que la castidad es fruto de la continencia, la caridad de la disponibilidad, y la humildad de la obediencia. Y esa virtud hace que el alma se someta plenamente a Dios y viva segura a la sombra de sus alas.
Y el espíritu es ferviente si nuestra fe nos da la experiencia de un Dios infinitamente poderoso, sabio y bueno. Y creemos que su poder conforta nuestra debilidad, su sabiduría suple nuestra ignorancia, y su bondad disuelve nuestra maldad.
He aquí tres cosas que hacen admirable la muerte de los santos: su liberación de toda inquietud, el gozo de la nueva realidad y la certeza de la eternidad.
RESUMEN
Tres cosas hacen santo a un hombre:
1. La sobriedad de su vida. Exige ser castos, caritativos y humildes.
2. La rectitud de sus acciones: tanto por lo que hacemos en la vida como por el motivo de la muerte.
3. El fervor del espíritu: la experiencia de un Dios infinitamente poderoso, sabio y bueno que nos hace anhelar una nueva realidad y la certeza de la eternidad.
domingo, 9 de octubre de 2016
Testimonio
de una secretaria del Capítulo General
"Ha sido mi QUINTO Cápítulo en este servicio a nuestras hermanas de Congregación, y puedo decir que es una verdadera gracia, se aprende tanto de la sabiduría de las Madres..."
El 13 de septiembre de 2016 tuvo lugar el VIII Capítulo General de la Congregación Cisterciense de San Bernardo=CSSB presidido por la Madre Angelines de Frutos, Abadesa Presidente, en presencia de Dom Eamon Fitzgerald, Abad General OCSO, acompañado de su secret...ario y de un Consejero P. Santiago Mª. Asistieron también varios abades entre ellos el P. Roberto de la Iglesia Abad de San Pedro de Cardeña.El capítulo se llevó a cabo en Las Huelgas hasta el 23 de septiembre de 2016.
Todas las comunidades de la Congregación Cisterciense de San Bernardo agradecemos vuestra oración fraterna durante todo este tiempo de discusión, discernimiento y toma de decisiones.
"Señor tú has sido nuestro refugio de generación en generación y durante los días de este Capítulo general, lo eres y lo seguirás siendo en el tiempo y en la eternidad"

"Señor tú has sido nuestro refugio de generación en generación y durante los días de este Capítulo general, lo eres y lo seguirás siendo en el tiempo y en la eternidad"

lunes, 15 de agosto de 2016
Celebración litúrgica de la Solemnidad de San Bernardo Abad
sábado, 25 de junio de 2016
Santa Gertrudis
“ EL ARREPENTIMIENTO HACE VOLVER A LA SERENIDAD Y A LA HUMILDAD QUE CONDUCEN AL PUERTO SEGURO (Serenus enmendationes et portum humilitatis; reflexión en base al texto de “Legatus divinae pietatis” II,12)
Vitral de santa Gertrudis, Iglesia de San Patricio, Washington, EEUU.
Augusta Tescari, ocso[1]
Lo que voy a contarles es un testimonio, y al mismo tiempo, una confesión. Siempre he querido a Santa Gertrudis, pero no puedo decir que en el pasado la hubiera conocido mucho. Me gustaba lo que decían sus estudiosos y devotos acerca de la belleza de sus escritos y su libertad de espíritu; leía cada tanto algunas líneas de sus obras; he llegado incluso a concluir la heroica empresa de leer hasta el final los Ejercicios, a pesar de la abundancia de los superlativos que, por decirlo así, me daban fastidio; he leído también el segundo libro de Heraldo del Amor Divino, sin quedar demasiado impresionada... El relato de su conversión, por ejemplo, que muchos estiman como una de las páginas más bellas de la literatura mística, me había dejado bastante indiferente.
Me parecía exagerada también la apreciación de Kurt Ruh, a quien, sin embargo, admiraba por su cultura y perspicacia: “El segundo libro del Legatus es un relato concluido en sí mismo, uno de los más bellos que una mujer haya podido escribir jamás”[2]. “Bah, -decía yo- ¡tal vez sea así! Sobre gustos no se discute…”.
Pero no sé cómo ni por qué, me había quedado siempre impreso en el mente y en el corazón un breve capítulo del libro segundo del Legatus -el único libro escrito directamente por la Santa-, que en lo sucesivo me ha permitido conocerla mejor y enamorarme en forma verdadera y perdurable de santa Gertrudis y estudiar más a fondo sus escritos.
¡Y pensar que este capítulo no había sido nunca comentado ni citado, salvo de pasada, no entusiasmaba a nadie y ninguno al leerlo había experimentado la emoción que en cambio había suscitado en mí! No me parecía posible que yo me hubiera dejado seducir por un capítulo secundario de escasa importancia, que a nadie interesaba. Por eso, hablaba sobre él a quienes amaban las obras de Gertrudis, tratando de explicar la importancia y la belleza de esta definición estupenda -serenum emendationis et portum humilitatis-, pero tenía la impresión de que nadie compartía mi entusiasmo. Y me sentía ofendida y disgustada.
Pienso que ya lo han comprendido: escribo estas líneas a modo de ulterior tentativa de comunicar a los demás un amor incomprendido, nacido de circunstancias que el corazón no permite considerar fortuitas o banales.
Les presentaré, por tanto, este capítulo 12, un capítulo casi olvidado por los críticos y aficionados de Gertrudis, pero que a mí, por el contrario, me dice muchísimo. La división del libro del Legatus en capítulos es naturalmente tardía y el inicio de este capítulo que parece continuar con un discurso ya iniciado antes, es una prueba evidente de ello. También los títulos han sido agregados después.
Nuestro breve pasaje ha recibido este título: “La paciencia con que Dios soporta nuestros defectos”. Es un título reductivo, que no hace justicia a la riqueza del contenido. Estoy más que segura de que también Santa Gertrudis consideraba estas pocas líneas de su Memorial como muy importantes, como una parte central de su experiencia espiritual y de su mensaje.
He aquí el texto, del cual trato de dar una traducción lo más literal posible:
“Del mismo modo te doy gracias también por otra imagen no menos útil y grata con la cual me has hecho comprender con cuánta benevolencia y paciencia Tú soportas nuestros defectos, a fin de que, una vez enmendados, Tú puedas hacernos felices.
Una tarde tuve un arranque de ira y al día siguiente, antes de que amaneciera, habiendo tenido la oportunidad de rezar, Tú te manifestaste a mí bajo la semejanza de un vagabundo que en su aspecto aparecía sin fuerzas y privado de todo socorro.
Entonces, puesto que me remordía la conciencia por la caída del día precedente, comencé a reflexionar gimiendo cuán indigno era ofenderte justamente a Ti, que eres el autor de la suma pureza y de la paz, siguiendo los impulsos de una pasión viciosa. Pensaba en lo que sería más justo y así llegué a la conclusión de que habría sido mejor que Tú te retiraras de mí, en vez de que estuvieras presente, al menos en aquella hora -¡pero sólo en aquella hora!- en la cual había dejado de resistir al enemigo que me impulsaba a sentimientos contrarios a tu santidad.
Tu respuesta a estos pensamientos míos fue la siguiente: ‘Si viene de improviso una tormenta, ¿qué consolación puede tener un enfermo que, dejándose llevar por otro, sufre por no poder volver a exponerse a la agradable luz del sol, que no sea esperar que vuelva otra vez el buen tiempo? Del mismo modo yo, vencido por el amor a ti, habiendo decidido habitar contigo en medio de todas las tempestades de los vicios que te inundan, me pongo al resguardo de todo, al sereno de tu arrepentimiento y al puerto de la humildad”.
¡Mi lengua no alcanza a expresar que abundancia de gracia me había concedido tu prolongada presencia en esta ocasión! Que pueda suplirla, te lo pido, el afecto del corazón; y que aquel abismo de humildad al cual me ha atraído la denegación de tu amor, me enseñe a elevar hacia tu inmensa misericordia mi acción de gracias”.
Me preguntarán qué hay de extraordinario en este episodio que describe simplemente un enojo y el consecuente arrepentimiento. En efecto, si se compara esta manifestación del Señor con otras mucho más sublimes que aparecen en el mismo libro, se corre realmente el riesgo de quedar desilusionados y de pasarlo por encima rápidamente.
Les pido, sin embargo, la paciencia de acompañarme en el examen detallado de cada párrafo:
“Del mismo modo te doy gracias también por otra imagen no menos útil y grata con la cual me has hecho comprender con cuánta benevolencia y paciencia Tú soportas nuestros defectos, a fin de que, una vez enmendados, Tú puedas hacernos felices”.
Este capítulo forma parte de lo que se ha llamado un pequeño tratado de las pasiones, que va del capítulo 11 al capítulo 15 y que resume la enseñanza clásica que casi todos los Padres Cistercienses de los siglos XII y XIII ha expuesto en sus tratados De anima.
Gertrudis había hablado de la tentación en el capítulo precedente y aquí habla del pecado. La benigna paciencia de Dios nos acompaña en el camino del arrepentimiento y de la corrección, para llegar a la meta para la cual Dios nos ha creado: la felicidad y la bienaventuranza. Es Dios quien nos santifica, pero para que pueda hacerlo, necesita de la colaboración de nuestra libertad.
La amorosa pedagogía del Señor se sirve de una “imagen” para instruir a Gertrudis. Cabe señalar que la santa no habla aquí de una visión sino de una imagen; en el último capítulo del libro, el 24, ella explica claramente que, quien quiere estudiar, puede llegar a la lógica solo mediante el alfabeto; del mismo modo, mediante imágenes -por así decirlo- pintadas, se puede llegar a gustar en lo íntimo el maná escondido que no puede ser asociado con ninguna imagen corpórea; solo quien lo ha probado tiene más hambre de él. Es una óptima y precisa definición de las experiencias espirituales, que pueden ser expresadas solamente con un balbuceo, desde el momento que por su misma naturaleza son indescriptibles.
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