lunes, 17 de agosto de 2015

DOS MONJES EN SUELO EUROPEO- Hna. Rosa Ana Izquierdo Moreno


En el suelo de Europa han existido dos gigantes del mundo histórico, eclesial y más concretamente místico: una española, Sta. Teresa de Ahumada; y un francés, San Bernardo de Claraval. Ambos, aún siendo de épocas diferentes -  ella del siglo XVI y él del siglo XII-, han trazado un camino espi
ritual válido para el siglo XXI.

En este mes de agosto celebramos la solemnidad de San Bernardo de Claraval. Este año con un motivo añadido, el V centenario de Santa Teresa de Jesús. A pesar de la distancia que separa en el tiempo, es evidente la gran semejanza entre estos dos monjes. Ella carmelita de Ávila, y él monje del Císter en Borgoña.

Ambos lucharon por encarnar un mensaje renovador de sus comunidades, renovador de la Iglesia y, a la larga, transformador de la sociedad. Santa Teresa, desde su humanidad y sentido común, reformando el Carmelo y extendiendo su espiritualidad por toda España en las nuevas fundaciones. San Bernardo, recién ingresado en la Orden de Cîteaux, se rebela contra las costumbres de su propia Orden, alejadas del espíritu de pobreza evangélica. Su dinamismo es tan excepcional y el influjo social de su orden en Francia es tal que las comunidades cistercienses se desarrollaron dentro de la sociedad de su tiempo y se mantuvieron por medio del cultivo de la tierra, trabajo que los nobles y aristócratas no soportaban. Ambos reformadores han dejado testimonio en sus tratados de espiritualidad, en sus cartas y en sus viajes, de cómo afrontar grandes retos desde el evangelio y en la vida. La austeridad y pureza de sus hábitos es un buen espejo para esta Europa plural y poderosa, pero tantas veces sin ideas y resistente a la acogida; igualmente para una Iglesia que mira demasiado a un líder, pero no termina de conectar con una sociedad de prisas y de iniciativas, pero falta de reflexión y de espiritualidad.

Para ninguno de los dos fue fácil abrir brechas de humanidad y de diálogo. Ambos se encontraron en “tiempos recios”. Esto no les achicó. Todo lo contrario: les impulsó para seguir transmitiendo con sus fundaciones, con sus cartas a autoridades civiles y eclesiásticas un mensaje lleno de sabiduría para crecer en humanidad y  discreción.

La humanidad renovadora bernardiana se plantea seriamente un interrogante agustiniano: ¿qué es el hombre? Y para ello escruta en sí mismo con la mayor sinceridad de que es capaz. Para él, la doctrina del hombre está fundada y garantizada en la realidad estructural de la libertad. En él no hay lugar para la esclavitud en ninguna de sus manifestaciones por eso luchará en sus cartas por los pobres.

¿Sigue vivo hoy el espíritu de estos dos gigantes europeos? El mensaje teresiano y bernardiano se concreta en no tener miedo a abrir puertas y ventanas para salir al encuentro del hombre. Para San Bernardo, se traduce en esa sabiduría que es el arte de vivir y no de hacer cosas. Es decir, se puede vivir sin hacer muchas cosas y se puede hacer muchas cosas sin vivir. El hombre actual, se mueve mucho, hace muchas cosas, pero es un esclavo del sistema.

Otro aspecto actual de San Bernardo es la libertad, pero no libertad de expresión, si no de pensamiento. En su época y en la nuestra el poder se asegura de que no tengamos libertad de pensamiento lo consiguen la publicidad, la educación que el sistema quiere inculcar. Sin embargo, el ‘Doctor Melifluo’ nos llama a educarnos en pensar en los fines de la vida, que no es en adquirir poder, si no en satisfacción personal, en ser más lo que uno es.

Así, con los ecos del centenario teresiano, la comunidad Cisterciense de San Bernardo les invita a celebrar este año la solemnidad del ‘Doctor Melifluo’ con una mirada humana. Dicha celebración comenzará con un triduo los días 18, 19 para concluir con la celebración solemne del día 20. Hora de inicio: 19.00h. ¡Os esperamos! 

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